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‘César Manrique, por fin hijo predilecto de Arrecife’

Querido César,

La verdad es que hoy tengo una sensación un poco extraña. Estamos en el salón de plenos del Ayuntamiento de Arrecife y no sé si sentirme feliz o avergonzada. Porque sin duda da un poco de reparo que este Ayuntamiento haya necesitado tantos años para hacerte hijo predilecto de la ciudad que te vió nacer.

Tú, el artista más importante de Lanzarote, nacido aquí, al lado del Charco de San Ginés en el seno de una familia típica de clase media.

¿Por qué han tardado tanto? Cuando este consistorio ha declarado hijos predilectos a figuras más o menos relevantes (siempre masculinas, hay que decirlo) El policía Heraclio Niz, el escritor Agustín de la Hoz o el periodista Manuel Fernández cuentan hace años con este reconocimiento. Sin embargo tú no. Y, entre entre tú y yo, no creo que fuera por despiste.

Porque también al Cabildo le costó mucho en su día nombrarte hijo predilecto de Lanzarote, lo cual finalmente se aprobó tras algunos intentos fallidos que mejor no recordar un día como hoy, ¿verdad?

Por suerte hoy tu figura ya no genera ninguna polémica. Todo el mundo te alaba e incluso te idolatra. Pero creo que a quienes algunos conviene recordar es solo al César artista. El que viajaba por el mundo, el que estudió en Madrid y trabajó en Nueva York y así intentar que la gente de aquí se olvide poco a poco del César defensor de su tierra.

Porque me parece que el César del consenso que nos quieren vender ahora tiene poco que ver con el César que realmente fuiste. Nos quieren vender exclusivamente el César artista porque el otro, el César ciudadano, molesta. Ese sí que molesta.

Pero yo creo que es imposible entender al uno sin el otro, especialmente si tenemos en cuenta que tu intervención sobre Lanzarote no fue meramente artística. También tuvo un fuerte componente político.

Porque política es cuidar y poner en valor el patrimonio. El patrimonio natural y también el patrimonio humano.

César, tú lo supiste entender como nadie y antes que nadie. Reconociste la belleza que había en esas pequeñas y modestas casitas blancas y dijiste que eso había que protegerlo, que había que cuidarlo. Tú sabías y entendías la importancia de poner en valor nuestra ciudad y por eso nos dejaste tus obras en legado. Obras como el parque Islas Canarias, el parque Ramírez Cerdá; los jardines del Gran Hotel o los del hospital Insular, el Almacén o el castillo San José; Los murales de la casa de la Cultura o del parador de turismo… Eso solo por nombrar algunas de tu obras más conocidas.

Desgraciadamente tengo que contarte que tu Arrecife de hoy en día tiene muy poco o nada que ver con ese legado. Arrecife era tu ciudad, pero no te representa en absoluto. Tal vez por eso hayan tardado tanto en realizar este nombramiento. Porque les daba vergüenza lo que habían hecho con ella.

Me da mucha pena tener que informarte de que algunas de tus obras más emblemáticas, por ejemplo la del parque Islas Canarias que mencioné antes y que la gente tanto recuerda, fue destruida por algunos de los partidos aquí sentados, en connivencia con empresarios insensibles. Lo que era un bello parque con frondosos árboles es hoy apenas el techo de un parking, que por arriba está completamente destrozado y descuidado y por abajo solo sirve de negocio a unas pocas personas. Eso sí es un verdadero insulto a tu memoria.

Me pregunto qué dirías tú en este pleno, si este nombramiento de hijo predilecto te lo hubiesen hecho en vida hoy, en 2019.

Me pregunto cuántos de los aquí sentados serían capaces de mirarte a los ojos después de que sus partidos políticos fueran cómplices de lo que aquí se hizo.

Me pregunto qué dirías tú si hoy pasearas por las calles de Arrecife. Qué pensarías de la suciedad, de los cables colgando por todos lados, de los solares abandonados, de los parques infantiles destrozados, de las fachadas a medio pintar o de nuestras casas más antiguas completamente en ruinas. Yo sé perfectamente lo que dirías. Les preguntarías qué han hecho. Qué han hecho con tu ciudad estas últimas décadas para dejarla así.

En Arrecife hay muy poco, o nada, de ese orgullo que nos quisiste inculcar. Ese orgullo por nuestra historia y nuestra naturaleza que nos impulsa a cuidar y poner en valor lo que somos y el lugar en el que vivimos.

Durante demasiados años esta ciudad ha sido gobernada por personas a las que no les importaba Arrecife. Personas que muchas veces ni siquiera vivían aquí. Y no hablo solo de los que gobiernan hoy. A esta ciudad la han saqueado. La han robado a manos llenas personas sin escrúpulos durante décadas. Día tras día, año tras año. Para muchos, Arrecife era un negocio y no una ciudad.

Pero te voy a contar una cosa que quizás ponga una nota de color a este panorama tan negro. Personalmente tengo claro que aunque ellos respeten más o menos tu figura como artista, sin duda temen tu figura como activista. Sin embargo, por más que lo intenten, tus vecinos y vecinas nunca dejarán de ver al César con megáfono en mano, luchando en Berrugo o en los Pocillos contra la especulación urbanística y turística.

Nunca olvidaremos tu energía y tu fuerza a la hora de hablar de sostenibilidad y de medioambiente o de buscar siempre la armonía entre el hombre y lo que nos rodea.
Y aunque muchas veces eras pesimista respecto al futuro de nuestra Isla si no poníamos freno al turismo de masas salvaje, quiero recordar que nunca te resignaste a que las cosas no se pudieran cambiar. Tu mensaje era de lucha, no de resignación.

Yo solo espero que a partir de hoy este nombramiento nos haga reflexionar un poco. Que nombrarte hijo predilecto de Arrecife nos sirva para sentir un poco de vergüenza, pero también de orgullo por querer ser mejores de lo que somos.

Tu ciudad no puede estar en este estado. Tenemos que ponernos las pilas. Dejarnos de luchas sectarias y de conflictos estériles y ponernos a trabajar por esta ciudad para que sea la digna capital que vió nacer a una de las personas más importantes que ha habido en Lanzarote.

Querido Cesar, si me lo permites, me gustaría acabar esta carta recordando una frase tuya cuando enseñabas, en un documental, imágenes del desastre urbanístico que estaba sufriendo Lanzarote.

Decías así: “Yo soy un optimista, un verdadero optimista y a pesar de todas las tomas, imágenes, que hemos visto, que son verdaderos desastres de suciedad, de destrozo del medio ambiente, hay siempre una esperanza, por eso soy optimista y tampoco quiero que piensen que esto ya no tiene remedio en absoluto, siempre hay esperanza. A pesar de que destruyamos absolutamente todo, siempre hay una esperanza de hombres con fantasías, hombres de buena voluntad y con entusiasmo para poder salvar lo que nos queda”.

Gracias César, por tu lucha y por tus valores, por mostrarnos la armonía entre el arte y la naturaleza y hacer de esta isla un lugar único. Espero de corazón que por fin en el futuro exista esta esperanza de la que hablabas y que sepamos estar a la altura de tu legado.

Hasta pronto.

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