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El sufrimiento de La Palma no podrá ser invisible cuando se apague el volcán

Los días pasan uno tras otro y ya han transcurrido más de seis semanas donde las ilusiones de toda una vida, viviendas, recuerdos, fincas y empresas han sido engullidos por el rugir constante de un volcán que no sólo arroja fuego e incinera todo lo que encuentra a su paso sino que además va sembrando incertidumbre, desesperación, soledad y desamparo.

Las ayudas, como siempre, son insuficientes y llegan tarde o a cuentagotas para los afectados, los cuales, no sólo viven expectantes la evolución de unas coladas que en cualquier momento podrían apagar sus sueños y les obligarían a dejar atrás, con lágrimas e impotencia, todo aquello por lo que han luchado toda una vida,  sino que saben perfectamente que el retorno que cabe esperar, nunca será justamente compensado,  porque, el valor de lo emocional no es comparable con el material.

Los 50,6 millones del Gobierno de Canarias, más los 206 millones del Estado, unidos a los 100 millones que figuran en los presupuestos de la CCAA para el 2022 para atender las múltiples necesidades que va a tener la “isla bonita” en los próximos años, resultan irrisorios ante la magnitud social y económica de la catástrofe que se está viviendo.

Gracias a Dios, no hemos de lamentar pérdida de vidas físicas, pero sí, una incesante y dolorosa pérdida no sólo de hogares, sino de recursos productivos que servían como medios para afrontar la vida a una población humilde y trabajadora que observa inerte y desolada la pérdida de su sentimiento de arraigo. Y, son ya 7.000 personas las que se encuentran perdidas en su isla.

Son muchos los inmuebles devorados, las hectáreas de fincas calcinadas, cientos las casas rurales y viviendas vacacionales las que han sido arrasadas.

Desde la Asociación Canaria del Alquiler Vacacional ASCAV pedimos la máxima solidaridad para con esta situación, así como, la agilidad y proporcionalidad de unas ayudas que han de estar a la altura de la difícil circunstancia que se está viviendo. Unas ayudas que han de ser comprometidas y perdurar durante unos cuantos años, porque, la cicatriz que va a dejar este volcán, nos va a exigir la máxima implicación de todos para reconstruir La Palma y ayudar a nuestros “hermanos” en una tarea que no puede quedar cubierta por un manto gris que tape de un día para otro tanta adversidad.

¡Mucho ánimo La Palma! ¡No les vamos a olvidar! ¡Estamos a vuestro lado!

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